El Home Office es un modelo que llegó a México para romper esquemas de conectividad, coordinación e implementación en la producción nacional. El trabajo remoto no sólo simboliza el progreso de un territorio, también encarna el papel de salvavidas, pues se estima que 42.5 % de las fuerzas laborales de todo el mundo funcionarán lejos de la oficina en 2022.
La pandemia global del Covid-19 perturbó el orden a nivel internacional, sin embargo, ciertos territorios recibieron el impacto de forma más directa y cruda. Tal fue el caso de México, el cual tuvo su mayor impacto en el ámbito laboral, causa que llevó a un alto porcentaje de empresas a migrar su sistema de trabajo a la distancia.
Para tener un mayor panorama, es necesario generar un acercamiento al término, el cual es extraído de la lengua inglesa para referirse a un espacio de trabajo dentro de casa u otro espacio adaptado. En la actualidad “hacer Home Office” es sinónimo de “teletrabajo”, como se le llama comúnmente en las pláticas cotidianas.
La implementación del Home Office trae consigo una ola de cambios y adecuaciones que rompen completamente con los modelos de trabajo anteriormente conocidos; se les dice adiós a los tratos personales, a los traslados pesados, a los horarios inflexibles y a la disminución de ausencias.
El mercado laboral es uno de los puntos más débiles en el país, ya que con más de ocho décadas de antigüedad la crisis económica ha sumado elementos que tienen a los habitantes al borde de la crisis, lo que ha orillado a miles de familias mexicanas a una expresión aguda de pobreza.

A pesar de que el país ya presentaba sus propios enigmas de estancamiento, ahora se han formalizado sus deficiencias de trabajo y sus incapacidades de resolución, el país se ha visto involucrado en un proceso de imitación, pues a pesar de contar con su propia maqueta de ejecución, el contexto actual lo ha orillado a tomar decisiones que trasformen su situación colectiva.
Después de casi un año de vivir en un confinamiento total o parcial, se ha experimentado un sinnúmero de cambios, que es difícil estimar todavía si serán permanentes o se diluirán. La sociedad se ha visto obligada a adaptarse a la conocida “nueva normalidad” en la cual surge un sentido de supervivencia y obligación, porque las personas que se adaptan, continúan en el ruedo y quienes no lo hacen, perecen.
